La Transfiguración

Rev. Leslie E. Chadwick

2 Reyes 2:1-12
Salmo 50:1-6
Corintios 4:3-6
Marcos cost for viagra without insurance 9:2-9

“A veces pasas por situaciones en la vida que te dan la oportunidad de ver de que estas hecho.” Dos amistades diferentes me dijeron eso recientemente. Cada uno de ellos acababa de pasar por un ano muy difícil y al superar las dificultades se sintieron más fuertes y mejor preparados para enfrentar una nueva etapa en sus vidas. La frase” de lo que estas hecho”, quedo grabada en mi memoria. Me obligo a reflexionar “De que estoy hecha?”, “Como Iglesia, de que estamos hechos?”. No es solo los momentos difíciles que nos brindan la oportunidad de ver de qué estamos hechos; aquellos momentos que consideramos bendiciones pueden hacer lo mismo.

Yo quisiera relatarles dos experiencias extraordinarias que viví en Enero. Una fue durante la Eucaristía del Concilio Anual. Estaba sentada junta a los delegados de ST. Timothy, rodeada por una “nube” de testigos de la Diócesis de Virginia, cantando, orando, escuchándolas buenas nuevas y envolviéndome en la radiancia de la presencia de Dios. Desde el balcón sonaron los instrumentos, tiritaron las velas, el coro entono una pieza musical titulada “How lovely is thy dwelling place” (Que bello es su hogar), de una misa cantada alemana. Brahms escribió esta pieza cuando murió su madre y yo sabía su letra hacia atrás y hacia adelante por tantas veces que la cantaba en la Universidad y durante mis estudios de post-graduada. Sabia como este tema había ayudado a muchos sanar sus heridas y superar sus sufrimientos. Mientras el coro cantaba, sentí como si el tiempo se detuviera y quedara suspendido…que el pasado, presente y futuro se hubiesen unido.

La segunda experiencia fue durante un viaje a Sewanee, Tennessee donde fui a cursar estudios universitarios. Sewanee, para mí, es tierra santa. No había regresado a Sewanee en 17 años. Mientras caminaba por un sector llamado “Shake Rag Hollow” con mi familia y corría mi bicicleta por los predios del colegio, me sentí llena de júbilo por la presencia de Dios en la naturaleza y en los folios de mi memoria. Fui a rezar en la Capilla de Todos los Santos localizada en Evensong, donde serví como Sacristán durante las Oraciones Matinales en el seminario y en la Parroquia Otey durante la Eucaristía. Otra vez sentí como si el tiempo se hubiese detenido, suspendido y que el presente, pasado y futuro estuvieran juntos a ese preciso momento.

En momentos como esos experienciamos de que estamos hechos, como individuos y como Iglesia… somos más que la forma física con profundas raíces en el tiempo y el espacio. Dios ha puesto parte de lo extraneo en nosotros y estamos atados a ello aunque nos transportemos de lugar a lugar  y de experiencia a experiencia. Dejar ir de una manera particular que hemos conocido a Dios no significa que lo perdemos.  Dios integra todos nuestros encuentros con épasado, presente y futuro , en lo profundo de nosotros y dentro de sí mismo.

En su segunda carta a los Corintios, St. Paul recuerdala Iglesia en Corinto integra su conexión con Dios es.  Pablo brinda a ellos un vistazo de quien son ellos como Iglesia

Esta comunidad se ha sentido desconectado de Pablo , y la forma ellos solían experimentar el amor de Dios a través de él.  Han pasado muchas cosas desde que Pablo escribió su primera carta a ellos. Les había prometido visitar pero no pudo hacerlo. Cuando Pablo finalmente arribo, fue una visita dolorosa y a continuación les escribió una carta muy ruda. Ahora busca la reconciliación, les dice “Ya que se debe a la gracia de Dios que estemos unidos en este Ministerio, no perdamos la fe…no nos proclamemos a nosotros mismos; proclamemos a Jesucristo nuestro Señor”.

Reorientándolos hacia Jesús, Pablo se ayuda a sí mismo y asiste a los otros a sobrepasar el argumento. Levanta sus mentes de nuevo a lo que es eterno .  Mirando a Jesús por lo que representa y por quien lo escucha nos ensena quienes somos y de que estamos hechos. Somos polvo y somos más que polvo. Pablo dice a continuación, “ Aunque nuestra naturaleza externa se esté deteriorando, nuestra naturaleza interior está siendo renovada día tras día, porque esta aflicción  momentaria y pasajera nos está preparando para un paso a la gloria eterna que sobrepasa cualquier medida ya que miramos no a lo que podemos ver sino a lo oculto”.

En la lección de hoy, Pedro, Santiago (James) y Juan visualizan por un instante aquello que no se puede ver cuando tenemos nuestras narices presionadas contra la vida. Su visión no es que todo debe andar bien pero que todo está bien, completo y correcto. Los tiempos se han saciado y el reino de Dios se ha acercado. El pasado, presente y futuro esta juntos…el tiempo suspendido mientras las leyes, los profetas  y las enseñanzas se unen en perfecta armonía. De manera que pudiera apreciar esta visión de la santidad de Dios, los discípulos tienen que ser guiados por Jesús hasta lo alto de una montaña, apartados por si solos. Esta no es una visión que ellos pueden alcanzar por si solos o mientras sean prisioneros del drama y las presiones de su vida cotidiana. Necesita dejar que Jesús los separe de todo eso.

Mientras observan, entienden quien en realidad es Jesús. Él es polvo. Hombre. Humano. Como ellos. De repente su vestidura se torna un blanco lustroso como nadie en la tierra pueda blanquearla. Él es  totalmente otro, casi una luz pura. Allí aparecen con El, Moisés y Elías, los grandes santos de Israel que representan las leyes y los profetas. Hablan con Jesús como si fueran viejos amigos. Pedro interrumpe y dice “Rabino, es bueno que estemos aquí, tratemos de alargar este momento tanto como sea posible”. Si Pedro hubiese tenido un “I phone” hubiese tomado fotos sin detenerse y hubiese tratado de captar todo en video. Pero el Evangelista lo excusa (Que Dios lo Bendiga). Él no sabía que decir porque estaban aterrados. Como suele suceder en el tope de la Montana, una nube los cubre. Una voz se escucha desde la nube y Dios afirma lo que había proclamado durante el Bautismo de Jesús, “este es mi hijo, mi adorado, escúchenlo”. “Entonces todo desaparece en un instante. Los hombres de Leyes, los profetas, los vestidos de blanco lustroso y la idea de construir albergue, como si nunca hubiese sucedido. Nunca vieron a nadie acompañarlos, excepto a Jesús.”.

Le pregunté a mi hijo de 7 años de edad, hijo, después de que le dije a esta historia , ” ¿Qué crees que Jesús está tratando de mostrar a sus discípulos ? “Respondió Este , ” que va a morir . ” Tiene razón .Los discípulos están a punto de tener que dejar irla forma en que ‘ ll’ve conoce Dios. Puede parecer a veces como si lo que habían vivido con Jesús nunca sucedió.

Pero, esa última frase me da esperanza. ”Ellos no vieron a nadie acompañándole, solo a Jesús”. Cuando la radiancia del momento de júbilo se disipa, lo que nos queda es Jesús y Jesús es suficiente. Si lo escuchamos nos saca desde el lodo hasta la radiante gloria del amor de Dios; desde la muerte hasta la resurrección. El hace eso por sus discípulos y por nosotros.

Hoy, cuando bajamos de la cima de la Montana entramos directamente a Cuaresma. Navegamos hacia la cruz. Dios nos ensena quien es Jesús y nos ordena “ESCUCHENLO”. Y esto es lo que escuchamos, “están poniendo su mente no en las cosas divinas, sino en las cosas humanas, levanta tu cruz y sígueme. Da tu vida por las enseñanzas y sálvala. Aquel que quiera ser primero deberá ser el último servidor de todos…no temas, solo cree. Tus pecados son perdonados”. A los demonios, “cállense y de la cara”. Al enfermo y frágil “vaya en paz, su fe le ha curado”.

Que durante la cuaresma mantengamos nuestro enfoque en Jesús. Él nos dice la verdad sobre sobre de que estamos hechos. “Tú eres moldeado de la tierra, eres polvo y al polvo haz de volver. Eres más que polvo. Eres, por mi gracia, amado de Dios, el Dios que creo la luz, emite luz radiante de tu ser y brilla nueva luz y fuerza a sus corazones. Jesús nos ensena la verdad en cuanto a quienes somos como Iglesia. Mientras participamos del cuerpo y sangre de Cristo, pasado, presente y futuro se unen al mismo tiempo. Elevamos nuestras voces con Ángeles y Arcángeles y toda la compañía de la Gloria clamando “Santo, santo, santo, Amen.”